Los distintos gobiernos han intentado concienciar a la ciudadanía de la importancia de la eficiencia energética y el ahorro de energía en los hogares. La propia Unión Europa ha lanzado el Objetivo 20-20-20 para 2020, que consiste en reducir un 20% el consumo de energía de los edificios, minimizar un 20% sus emisiones de CO2 y potenciar las renovables hasta aportar un 20% de la energía. Sin embargo, el certificado energético para la vivienda pasa desapercibido para el mercado de la compraventa y el alquiler de inmuebles, cuando son los propios propietarios los que no le dan importancia.
Con un parque residencial envejecido y muy deficiente, 21 millones de viviendas de un total de 26 tienen 30 años de antigüedad, 6 de ellos más de medio siglo, la eficiencia en los hogares pasa de largo a la hora de valorar el inmueble. “España no destaca por su conciencia ecológica”, afrima Luis Cañada, coordinador de Tinsa Certify. “El ciudadano ha percibido la etiqueta como un nuevo impuesto, por lo que no se ha concienciado de las ventajas económicas del ahorro energético”, concreta.

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